Por José María Posse
Abogado, escritor, historiador
La aeronáutica, luego de la Gran Guerra (como se llamó a la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918), no era ya algo excéntrico, sino una realidad que rápidamente ganaba adeptos en todo el mundo.
Claro que había que cimentar en la conciencia colectiva de la sociedad el convencimiento de que más allá de los riesgos, la aviación civil abría las fronteras. Volar también ofrecía la posibilidad de trasladar mercancías, correo, servicios sanitarios esenciales y pasajeros de forma rápida y eficaz, a lugares por entonces prácticamente inaccesibles.
Aero Club
La consigna de ese tiempo en la provincia era fundar una institución que llevara adelante la novel actividad del vuelo de forma sistemática y asociativa. Fue así que el 12 de diciembre de 1919 se fundó el “Aero Club de Tucumán”.
Entre los creadores encontramos a empresarios e industriales, varios de ellos, miembros destacados de la Generación del Centenario. El Aero Club comenzó a funcionar en 1920 en un predio donado para “cancha de aviación” por don Percy Hill, en el exaeropuerto (hoy Terminal de Ómnibus de la capital).
La pista del aeródromo, desde sus comienzos, llevó el nombre del piloto aviador “teniente Benjamín Matienzo” en homenaje al heroico tucumano que perdió la vida en mayo de 1919, intentando cruzar los Andes hacia Chile en un raid que uniría ambos países.
Las viejas instalaciones
Con los años comenzaron a operar aviones de mayor porte, iniciándose así el transporte de pasajeros en Tucumán. Todo ello ocurrió en terrenos del club, que cedía sus instalaciones (torre de control y pistas) para vuelos de cabotaje e internacionales.
Cuando se diagramó el sistema de transporte aéreo nacional, el Aero Club Tucumán aportó desinteresadamente el campo de aterrizaje y el edificio para que la línea Zonda, de la empresa Pan American, hiciera ingresar a nuestra provincia en los mapas de la aeronavegación mundial. Años después vendría Aerolíneas Argentinas (“Obras Pública y Privadas, Turismo e Industrias”, agosto, 1938, Tucumán).
De tal manera que la flamante aeroestación “Benjamín Matienzo” era importante para la atención de los pasajeros nacionales y extranjeros. Se construyeron hangares y zonas de rodaje para las aeronaves. La pista era de césped y lo fue por varias décadas.
El lugar fue protagonista de hechos trascendentes, como el despegue y aterrizaje de la Escuadrilla Tucumán que recorrió seis provincias argentinas y cubrió 3.200 kilómetros en 1927. Desde allí partió el primer vuelo hacia Tafí del Valle en 1921. Cabe destacar que el 18 de abril de 1937, la desaparecida compañía aérea norteamericana Panagra comenzó a operar en nuestra provincia sus rutas hacia Estados Unidos, donde Tucumán era escala obligada para repostaje de combustible.
Moderno
Tras 20 años de inaugurada la “pista Benjamín Matienzo”, el 23 de mayo de 1940 (con aportes de los socios y de la Nación) se inauguró el moderno edificio de estilo californiano del aeropuerto y sede del club.
Según la crónica de LA GACETA: “la concreción del edificio ha venido sufriendo algunas postergaciones, debido a la carencia de fondos y por otra parte, el anhelo de los dirigentes, de inaugurar la sede propia recién cuando fuera posible hacerlo con lujo de detalles y con una terminación total” (LA GACETA, 24 de mayo de 1940).
Con esa inauguración, “sobre la avenida Brígido Terán la institución verá cristalizada una de sus más caras aspiraciones, y la provincia tendrá la mejor edificación aeronáutica de cuantas existen en el país, tratándose de aeroclubes o de organizaciones civiles”. El acto contó con la presencia del gobernador Miguel Critto (LA GACETA, Ibídem).
La construcción estuvo supeditada a la obtención de fondos y había comenzado en la segunda parte de 1935. La noticia daba detalles de aquella construcción, diseñada por el ingeniero Ángel Guido, cuya planta baja “está destinada a hall de pasajeros, ya sea para viajeros de líneas comerciales, ya para el pasaje a cargo de los aviones” de la entidad.
La torre alcanzaba los 20 metros de altura, donde estaban las instalaciones de radio e intercomunicación (LA GACETA, Ibídem).
El Benjamín Matienzo fue creciendo operativamente, al tiempo que los vuelos de pasajeros comenzaron a ser competencia al ferrocarril que, por muchos años, fue el transporte exclusivo hacia el norte. El aumento del tráfico llevó a hacer necesarias reformas tanto en la pista como en la estación poco más de una década después (LA GACETA, Ibídem).
Traslado necesario
A mediados de la década de 1950 ya se hablaba de elevar la categoría operacional del aeropuerto. Pero también se hacía imprescindible mejoras en el acceso, ya que la avenida Brígido Terán estaba pavimentada solamente hasta la puerta de la edificación.
En mayo de 1954 un cronista de LA GACETA destacaba que el aeropuerto se encontraba en el centro de la ciudad y lo que se hiciera en adelante debería estudiarse en ese marco, dado el peligro de aproximación de los aviones a zonas urbanas. Dos años más tarde se anunciaba que se habían expropiado los terrenos necesarios para la construcción de una nueva estación en Cevil Pozo (LA GACETA, 23 de mayo de 1954).
Una crónica de junio de 1956 ya dejaba entrever que había problemas para que el “Benjamín Matienzo” siguiese operando en el parque, porque no se podía extender la longitud de la pista.
En 1960, durante la progresista gobernación de Celestino Gelsi, se efectuaron las obras necesarias, incluyendo la más importante como fue la pavimentación de la pista de aterrizaje que se hizo con fondos del Casino Provincial. También se terminó de construir el edificio del aeropuerto, el que se inauguró dos años más tarde.
Cebil Pozo
Volviendo al Aero Club Tucumán, por entonces aún compartía la pista Benjamín Matienzo y muchas de sus instalaciones con el Aeropuerto de la Provincia, que ya tenía sus días contados en el lugar.
La actividad aeronáutica continuó sostenidamente en la provincia durante todo el siglo XX. El Aeropuerto de Tucumán, ya con el nombre de “Aeropuerto Internacional Benjamín Matienzo” fue trasladado en 1982 a su actual emplazamiento en Cebil Pozo, cuando el Gobierno de la provincia dispuso el cese de las actividades de vuelo en el primitivo aeropuerto del parque 9 de Julio.
Por su parte, el Aeroclub Tucumán fue trasladado a Yerba Buena, donde continúa operativo, siendo el segundo más antiguo del país. Por lo expresado, la actividad aeronáutica tucumana nació hace 106 años sobre la pista “Benjamín Matienzo” que, con los años, de aeródromo de club se transformó en aeropuerto internacional; único caso conocido en nuestro país.
Nuestros mayores, generación tras generación, honraron así la memoria del principal pionero y mártir de la aeronáutica comarcana, el teniente Matienzo.
Una trayectoria
Benjamin Matienzo nació en Tucumán el 9 de abril de 1891. Ingresó al Colegio Militar de la Nación, egresando con el grado de subteniente del arma de Ingenieros. En 1916 se inscribió en la Escuela de Aviación Militar, donde en 1918 se graduó con el título de “Aviador Militar” como parte del 4º Curso (Eloy Martin. Notas Biográficas. El trágico final del Cóndor Benjamín Matienzo. Santos A. Dominguez Koch, “Genealogía, revista del Instittuo Argentino de Ciencias Genealógicas, N° 17, Bs As. 1977, pág. 46/47).
Como destino militar, fue enviado a Mendoza a prestar servicios en el batallón Nº 5 de Ingenieros (Eloy Martin, Notas Biograficas…Cit).
El 23 de mayo de 1918, a bordo del biplano Voisin 5 LA de la Escuela de Aviación Militar, realizó exitosamente -junto al ingeniero Edmundo Lucius- un raid entre las localidades de El Palomar y San Miguel de Tucumán. El diario El Orden del miércoles 29 de mayo informaba del arribo del viajero. “A las 3:40 p.m. el avión de Matienzo hizo su aparición en dirección Sur Este, a una altura de 500 metros. La máquina sobrevoló el parque, luego la ciudad de San Miguel y aterrizó con extrema pericia en la pista, la que fue invadida por el público que vivaba a su héroe”.
Como pudieron, Matienzo y Lucius lograron abrirse paso entre la multitud, y se dirigieron a la casa de la familia del teniente. Allí comenzaron los agasajos, que continuaron esa noche con una gala en el Teatro Alberdi, dedicada en su honor. José R. Fierro, poniendo como ejemplo al joven teniente apuntaba: “que sepan todos que de las muchachadas tucumanas volverán a surgir las falanges de los valientes Decididos, lo mismo que en 1812. Arriba los corazones” (Diario El Orden, ibídem).
En los días siguientes, la figura de Matienzo alcanzó ribetes heroicos. En todos lados era recibido con aplausos, lo acogieron las máximas autoridades gubernativas de su provincia natal, y continuaron los discursos, que lo ponían a la cabeza de la juventud tucumana.
La inmortalidad
A los pocos días, partía por vía férrea el teniente Benjamín Matienzo; nunca más volvería a ver su tierra. Murió un año después de su proeza (el 28 de mayo), intentando tanto empecinada como valientemente cruzar la Cordillera de los Andes.
La noticia cayó como una bomba en Tucumán. En cada hogar se derramaron lágrimas en recuerdo de ese gallardo piloto aviador, quién quedó en la memoria popular como un símbolo de valentía durante generaciones. El hallazgo de su cuerpo, meses más tarde y el arribo de su féretro fueron cuestiones de Estado para los tucumanos, quienes realizaron los actos de homenaje más sentidos que se recuerde (Diario El Orden, ibídem). Su féretro fue transportado a pulso por una verdadera multitud. Aún hoy, su tumba en el Cementerio del Oeste es venerada.
Memoria histórica
El aeropuerto “Jorge Newbery” de Buenos Aires se inauguró en 1947, en honor a uno de los máximos pioneros y mártires de la aviación argentina. Nuestra aeroestación es 27 años más antigua. Una sociedad que honra a sus héroes, fortalece la identidad nacional; preservar la memoria histórica tiene el sentido de inspirar y legitimar ideales.
Los héroes son los guardianes de los valores y principios de nuestro ser nacional. El aeropuerto Benjamín Matienzo recuerda a nuestro máximo representante en los primeros tiempos de la aeronavegación. A aquellos que abrieron los cielos y aseguraron nuestra soberanía aérea. El aeropuerto mismo tiene su propia historia pionera; sería conveniente respetar y preservar ese pasado histórico, para los tiempos.